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Las intermitencias de la muerte, de José Saramago

(…) entonces podrá preguntar, Muerte, dónde está tu victoria, sabiendo no obstante que no recibirá respuesta, porque la muerte nunca responde, y no es porque no quiera, es solo porque no sabe lo que ha de decir delante del mayor dolor humano.

Puntuación: 5/5
Autor: José Saramago
Género: ficción
Editorial: Debolsillo

Reconozco que me intimidaba la idea de leer a un autor como Saramago. Conocía de antemano su peculiar estilo de escritura, y dejé que mis prejuicios adivinaran una lectura densa y tediosa. Nada más lejos de la realidad. En Intermitencias de la muerte, este estilo simplemente funciona: te atrapa, te obliga a seguir leyendo y a sumergirte en la lectura. Y no hay nada mejor que pedirle a un libro que esto último.

Me sorprendió descubrir una historia repleta de imaginación, de humor y de sensibilidad. Saramago ofrece su particular visión de una sociedad que, por fin, ha logrado cumplir el anhelado deseo de escapar de la muerte. ¿Por qué hemos de morir? ¿Equivale la vida infinita a la felicidad?

La primera parte del libro abarca las consecuencias del cese de actividad de la muerte en un país relativamente pequeño. Lo que un principio se recibe con inmenso jolgorio pronto se convierte en una calamidad para las funerarias, los hogares de la tercera edad, las aseguradoras, la Iglesia… El don de la inmortalidad no equivale a la juventud eterna. Para bien o para mal, la vida sigue sin interrupciones, dejando a miles de personas en ese estado intermedio que no puede clasificarse como vida o muerte. En palabras del primer ministro: “Si no volvemos a morir, no tenemos futuro”.

Durante la segunda mitad del libro, la muerte, tras analizar los resultados de su experimento, decide introducir una serie de cambios en su forma de actuar. A partir de este momento, el plano narrativo cambia de forma abrupta para dar paso a la muerte (en minúscula) como única protagonista, a quien conocemos en una fachada extrañamanente humana, mientras experimenta por primera vez el fracaso. Ajena a las consecuencias, intenta resolver el misterio de un misterioso violonchelista que se escapa irremediablemente de su letal efecto.

Ambas partes se complementan perfectamente para transmitir un mensaje esclarecedor: la vida y la muerte carecen de sentido por sí solas. No podemos definir la vida sin la muerte y la muerte sin la vida. Dadle una oportunidad: leer este libro es una experiencia peculiar que os hará reflexionar sobre vuestra percepción de la muerte.

Ante todo, no hagas daño, de Henry Marsh

Quizá nunca lleguen a comprender hasta qué punto era peligrosa la operación y la suerte que tuvieron de que todo saliera tan bien. El cirujano, entretanto, ha conocido el cielo tras haberse asomado a las puertas del infierno.

Ante todo, no hagas daño

Puntuación: 5/5
Autor: Henry Marsh
Género: no ficción
Editorial: Salamandra

Ante todo, no hagas daño recoge parte de las vivencias de uno de los neurocirujanos más notables del Reino Unido, Henry Marsh. A lo largo de los veinticinco capítulos que componen este libro, descubrimos los entresijos de una profesión plagada de dualidades, como la valentía y el terror, la firmeza y el desasosiego o el afecto y la deshumanización. En el mejor de los casos, el encuentro entre el médico y el paciente quedará en el olvido. Por desgracia, no siempre es así.

En esta biografía conocemos a Marsh en todas las facetas que han marcado su prolongada trayectoria profesional: como estudiante de Medicina, como residente en prácticas, como paciente, como hijo, como padre y como especialista en neurocirugía. Desde un punto de vista más personal, proyecta una imagen de cordialidad y apoyo a sus pacientes, aunque su carácter tampoco queda exento de pomposidad y arrogancia hacia algunos compañeros, y de exasperación y frustración ante el Servicio Nacional de Salud.

El día a día de un neurocirujano pasa por un espectro de situaciones en las que tienen cabida la rutina, lo extraordinario y la desgracia. La misma persona que se vanagloria como un héroe por salvar la vida de un paciente puede llegar a convertirse en un villano desalmado en cuestión de horas, cuando el más mínimo error conduce hacia la muerte, o incluso peor. Sí, existen situaciones que dejan peores secuelas que la muerte. Ahora, a las puertas de su jubilación, Marsh no titubea al reconocer que, a pesar de sus numerosos triunfos, sus fracasos pesan más en el tiempo. Esta clase de confesiones personales no lo convierten necesariamente en un testimonio autocomplaciente, sino valiente y honesto.

A lo largo de los años, Marsh se enfrenta a toda clase de situaciones en un trabajo cuyo desempeño no cesa tras las puertas del quirófano. Fuera de él, los neurocirujanos deben responder a la fe ciega y a las altas expectativas que los pacientes y familiares depositan en ellos, comunicar malas noticias cuando un paciente sufre complicaciones durante la intervención y reconocer los errores (suyos o de personas a su cargo), entre otras muchas cosas. El éxito profesional de Marsh no solo radica en su pericia, sino también en su humanidad. La compleja dicotomía entre la empatía y el desapego con los pacientes marca el equilibrio que resulta esencial para responder a la recurrente pregunta: «¿Qué haría usted?»

Curiosamente, los dilemas más difíciles -aunque no menos habituales- se centran en la toma de decisiones. La experiencia del profesional no solo se refleja en su habilidad sobre la mesa de operaciones, sino también en su capacidad para determinar el momento en el que la enfermedad debe seguir su curso o, por el contrario, seguir luchando contra ella y someter al paciente a numerosas intervenciones (ninguna exenta de peligros) para mejorar su esperanza de vida. ¿Hasta qué punto es necesario intervenir si la calidad de vida empeora? ¿Qué precio se le pone a la esperanza? A diferencia de nuestra vida, estas preguntas rara vez arrojan una sola respuesta.

Lobo negro, de Nick Jans

Recuerdo que volví la cabeza para verlo menguar hasta convertirse en una mota negra en la nieve, como si fuese la última vez. Miraba intensamente, confiando en recordar.

Puntuación: 3/5
Autor: Nick Jans
Género: no ficción
Editorial: Errata Naturae

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Nick Jans cuenta en este libro -mitad memoria, mitad ensayo- la increíble experiencia de la que fueron partícipes los juneaueses durante los años 2003-2009, cuando un enorme lobo negro, en apariencia solitario, decidió establecerse en un territorio cuanto menos cuestionable para su supervivencia. Por su situación geográfica, los habitantes de Juneau no son ajenos a la experiencia de avistar todo tipo de animales salvajes; aun así, la historia y las extrañas circunstancias que rodearon a Romeo son dignas de ser contadas.

El lobo siempre ha sido un animal polémico; de hecho, aún hoy despierta posturas muy dispares. Por un lado, se argumenta que el lobo es una amenaza económica por el potencial daño que suponen para el ganado y animales de caza que, al fin y al cabo, consideramos “nuestros”; por el otro, se defiende su papel dentro del curso natural de los ecosistemas, por no hablar del reclamo que pueden suponer estas especies en el turismo y la fotografía. Dentro de este espectro también se incluyen posturas extremas, cegadas bien por el odio o bien por una exagerada veneración. En un segundo plano, resulta interesante analizar el tratamiento del lobo en el folklore y cultura popular, un factor que puede haber contribuido directa o indirectamente a las ideas preconcebidas sobre estos animales que aún prevalecen.

Aunque cabría esperar que un libro así arrojara una perspectiva previsible e unilateral, lo que convierte a este ensayo en un estudio aún más interesante del lobo es la postura y el trasfondo del autor, que convivió durante años con los iñupiaq, una tribu de Alaska de cazadores y recolectores. Dicho de otro modo, Jans había pasado parte de su vida cazando lobos, osos y caribúes, entre otros. Años después, decidió renunciar a su vida como cazador para convertirse en escritor y fotógrafo. Siendo consciente de su pasado, ofrece sus conocimientos como cazador, acompañados de información sobre el panorama actual de los animales salvajes en Alaska.

Sobre todo, no es un ensayo que imponga una visión o moraleja. Entrelaza la idiosincracia de Romeo y la contrasta con datos y hechos de la naturaleza del lobo, siempre respaldados por los correspondientes estudios: la composición y jerarquía de las manadas, alimentación, el vínculo genético entre el perro doméstico y el lobo, las muertes de humanos a manos de lobos, y un largo etcétera. Sin embargo, en lo que respecta a la historia de Romeo, serán muchas las dudas que queden sin resolver: ¿de dónde había salido el lobo? ¿Se habría separado de alguna manada? ¿Estaba verdaderamente solo? ¿De qué se alimentaba? ¿Por qué sentía tanta afinidad con algunos perros domésticos? Jans presenta y analiza todas las hipótesis para después descartarlas o dejarlas en el aire. Al fin y al cabo, su intención no es necesariamente dotar a esta insólita historia de sentido, sino rendir homenaje a un animal salvaje que, para bien o para mal, no dejó indiferente a nadie.

Jans era consciente de que, paradójicamente, la convivencia de dos especies enfrentadas durante siglos supondría el peligro y la seguridad de Romeo al mismo tiempo. Se había convertido en un personaje conocido, lo que significaba estar en el punto de mira de sus admiradores y detractores, de curiosos y de cazadores. Muchos justificarían el inevitable desenlace del afable lobo negro de Juneau diciendo que era solo un lobo pero, independientemente del tinte amargo de esta historia, Romeo logró unir a parte de la comunidad de Juneau y, además, abrir el diálogo entre perspectivas opuestas.

Romeo, ©Nick Jans

Aunque la realidad de Juneau y sus maravillosos parajes naturales nos quedan desafortunadamente lejos, Nick Jans no solo arroja por fin algo de luz a uno de los animales más controvertidos de la actualidad, sino que logra trasladarnos a este mundo casi onírico, donde convivió lo humano y lo salvaje de manera fugaz.

Solaris, de Stanisław Lem

No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Con uno, ya nos atragantamos.

Puntuación: 3/5
Autor: Stanisław Lem
Género: ciencia ficción
Editorial: Impedimenta

Solaris, de Stanisław Lem, es una historia acerca de la imposibilidad de establecer contacto con otras especies, el erróneo planteamiento de antropomorfizar lo desconocido y, en un plano paralelo, una reflexión sobre la identidad humana.

La historia, contada desde la perspectiva en primera persona del psicólogo Kris Kelvin, transcurre en el planeta extraterrestre Solaris, compuesto en su totalidad por un océano protoplasmático aparentemente inteligente. Esta es la principal razón por la que innumerables científicos (los «solaristas») se han propuesto estudiar la verdadera naturaleza de este misterioso océano dotado de sentidos y, sobre todo, la forma de interactuar con él. A lo largo del libro abundan las discusiones que condensan todo el conocimiento recopilado hasta el momento sobre Solaris; no obstante, más allá del plano descriptivo de los fenómenos que manifiesta el océano (los «mimoides», «simetríadas», «asimetríadas», etc.), los estudios han sido más bien infructuosos. Después de años de investigación, no se ha llegado a ninguna conclusión real sobre la verdadera naturaleza del océano.

Dicho esto, los improductivos intentos de establecer contacto no están del todo exentos de respuesta: por la razón que sea, el océano parece ser capaz de adentrarse e interpretar los recovecos de la mente humana. Los tres científicos a bordo de la estación espacial reciben inesperadas visitas, en apariencia humanos, que han sido creados por el océano. En el caso del protagonista, se encuentra con Harey, su expareja, que se había suicidado tiempo atrás tras la ruptura de su relación. En esta ocasión, Kelvin no puede deshacerse de ella, ya sea su manifestación física o su recuerdo. La reacción del personaje ante su presencia es, comprensiblemente, inaudita: su visitante representa su culpabilidad ante el suicidio, así como el recuerdo de los momentos felices y no tan felices de su relación. Al mismo tiempo, Kelvin tampoco puede abandonar el enigma que plantea el océano, a pesar de ser consciente de su irracionalidad al vincularlo con la esperanza del retorno de Harey.

A raíz de este problema, el autor plantea tres cuestiones interesantes: por una parte, la incoherencia de proponer un planteamiento antropomórfico a la hora de estudiar un ente alienígena (¿por qué lo hace? ¿Hay alguna razón oculta? ¿Quiere decirnos algo?); por otra, las falsas expectativas de nuestro absurdo y repetido deseo por establecer contacto con otras especies; y, por último, nuestra reacción ante los límites del conocimiento científico. El desconocimiento es el motivo que conduce a algunos de estos científicos a considerar el mar como un ente superior (de hecho, en determinados momentos se establece un paralelismo con Dios).

Solaris no solo rompe con ciertas convenciones del género (la historia no ofrece ninguna «respuesta» y no nos movemos del punto de partida en ningún momento), sino que también expone -con alguna que otra dosis de ironía- el aparente optimismo y prepotencia de nuestro deseo por querer dominar y dotar a todo de sentido, un sentido que solo somos capaces de conformar bajo nuestro limitado prisma humano, pese a que nuestra identidad sigue siendo una incógnita para nosotros.

El universo en tu mano, de Christophe Galfard

El aire que te rodea está repleto de átomos en suspensión que se deslizan por la curva espaciotemporal de la Tierra. Átomos que se formaron en el núcleo de estrellas que llevan largo tiempo muertas. Átomos en tu interior, por todas partes, que se desintegran y transmiten radioactividad. Bajo tus pies está el suelo, cuyos electrones se niegan a dejar pasar a los tuyos, lo cual te permite mantenerte en pie, caminar y correr.

Puntuación: 5/5
Autor: Christophe Galfard
Género: no-ficción
Editorial: Blackie Books

El universo en tu mano, de Christophe Galfard, pretende condensar todos los conocimientos acerca del funcionamiento del universo desde antes del Big Bang hasta hoy. ¿A qué se refiere, exactamente? Al cosmos, al espacio exterior, al mundo cuántico y a los límites de nuestro conocimiento actual, donde solo podemos aventurarnos en el plano teórico. Dicho de otro modo, te embarcarás en un viaje hacia lo “muy grande” y lo “muy pequeño”: conocerás el aspecto y la estructura a gran escala del universo, así como lo increíblemente confusas que resultan las teorías de los campos cuánticos. Por si fuera poco, el autor concibe esta idea titánica en forma de ensayo divulgativo, accesible a todo tipo de lectores con un mínimo de inquietud por todo lo que les rodea. Y lo consigue.

Gran parte del libro sigue una línea narrativa escrita en segunda persona, casi a modo de aventura con el lector como protagonista (pensándolo bien, el concepto sería un buen candidato como experiencia de realidad virtual). Llamarlo “viaje”, en este caso, no es una mera figura metafórica: es necesario llevar a cabo una serie de experimentos mentales para desentrañar las leyes que rigen nuestro universo y, por extraño que suene, adentrarnos en el estudio de lo desconocido. Estos ejercicios mentales no solo requerirán una increíble capacidad de abstracción, sino también la habilidad de desechar parte de tu sentido común. Dicho esto, no te desanimes si tienes que releer algún que otro párrafo para empezar a comprender ciertas ideas. Si te sirve de consuelo, algunos premios Nobel de física llegan a afirmar que “nadie entiende la mecánica cuántica” (Richard Feynman) o que “ningún lenguaje basado en la visualización es capaz de describir los saltos cuánticos” (Max Born). Aunque Galfard se asegura de incluir numerosos casos prácticos y breves resúmenes tras los bloques más densos, no es una lectura que recomiendo empezar y retomar tiempo más tarde.

El libro empieza y termina de forma paralela, con los despertares del protagonista (o tú, el lector). Por suerte, no se trata de un simple sueño que olvidarás al cabo de unas horas. La sensación del primer despertar era de alarma y de angustia ante un futuro desolador. Al final del libro, el despertar que experimentas no provoca inquietud, sino entusiasmo: has obtenido respuestas a innumerables cuestiones, incluso aquellas que ni habías llegado a plantearte hasta hoy. Aunque leer 400 páginas de ensayo divulgativo no te convertirá en el siguiente discípulo de Stephen Hawking, algo cambia en tu perspectiva, y empiezas a sentir cierta curiosidad por el universo. Conoces superficialmente parte del funcionamiento, así como las últimas líneas de investigación y herramientas, que podrían conducir a la respuesta de muchos enigmas actuales. Curiosamente, carecer de respuestas no es necesariamente sinónimo de vulnerabilidad, ya que has podido leer cómo los errores del pasado desembocaron en nuestro conocimiento existente. Eres consciente de que, al igual que el universo, el conocimiento no es algo estático y está en constante expansión.