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Ante todo, no hagas daño, de Henry Marsh

Quizá nunca lleguen a comprender hasta qué punto era peligrosa la operación y la suerte que tuvieron de que todo saliera tan bien. El cirujano, entretanto, ha conocido el cielo tras haberse asomado a las puertas del infierno.

Ante todo, no hagas daño

Puntuación: 5/5
Autor: Henry Marsh
Género: no ficción
Editorial: Salamandra

Ante todo, no hagas daño recoge parte de las vivencias de uno de los neurocirujanos más notables del Reino Unido, Henry Marsh. A lo largo de los veinticinco capítulos que componen este libro, descubrimos los entresijos de una profesión plagada de dualidades, como la valentía y el terror, la firmeza y el desasosiego o el afecto y la deshumanización. En el mejor de los casos, el encuentro entre el médico y el paciente quedará en el olvido. Por desgracia, no siempre es así.

En esta biografía conocemos a Marsh en todas las facetas que han marcado su prolongada trayectoria profesional: como estudiante de Medicina, como residente en prácticas, como paciente, como hijo, como padre y como especialista en neurocirugía. Desde un punto de vista más personal, proyecta una imagen de cordialidad y apoyo a sus pacientes, aunque su carácter tampoco queda exento de pomposidad y arrogancia hacia algunos compañeros, y de exasperación y frustración ante el Servicio Nacional de Salud.

El día a día de un neurocirujano pasa por un espectro de situaciones en las que tienen cabida la rutina, lo extraordinario y la desgracia. La misma persona que se vanagloria como un héroe por salvar la vida de un paciente puede llegar a convertirse en un villano desalmado en cuestión de horas, cuando el más mínimo error conduce hacia la muerte, o incluso peor. Sí, existen situaciones que dejan peores secuelas que la muerte. Ahora, a las puertas de su jubilación, Marsh no titubea al reconocer que, a pesar de sus numerosos triunfos, sus fracasos pesan más en el tiempo. Esta clase de confesiones personales no lo convierten necesariamente en un testimonio autocomplaciente, sino valiente y honesto.

A lo largo de los años, Marsh se enfrenta a toda clase de situaciones en un trabajo cuyo desempeño no cesa tras las puertas del quirófano. Fuera de él, los neurocirujanos deben responder a la fe ciega y a las altas expectativas que los pacientes y familiares depositan en ellos, comunicar malas noticias cuando un paciente sufre complicaciones durante la intervención y reconocer los errores (suyos o de personas a su cargo), entre otras muchas cosas. El éxito profesional de Marsh no solo radica en su pericia, sino también en su humanidad. La compleja dicotomía entre la empatía y el desapego con los pacientes marca el equilibrio que resulta esencial para responder a la recurrente pregunta: «¿Qué haría usted?»

Curiosamente, los dilemas más difíciles -aunque no menos habituales- se centran en la toma de decisiones. La experiencia del profesional no solo se refleja en su habilidad sobre la mesa de operaciones, sino también en su capacidad para determinar el momento en el que la enfermedad debe seguir su curso o, por el contrario, seguir luchando contra ella y someter al paciente a numerosas intervenciones (ninguna exenta de peligros) para mejorar su esperanza de vida. ¿Hasta qué punto es necesario intervenir si la calidad de vida empeora? ¿Qué precio se le pone a la esperanza? A diferencia de nuestra vida, estas preguntas rara vez arrojan una sola respuesta.