Categoría: Clásicos

Reexaminando clásicos: Rebecca, de Daphne du Maurier

But Rebecca would never grow old. Rebecca would always be the same. And her I could not fight. She was too strong for me.

Puntuación: 4/5
Autor: Daphne du Maurier
Género: ficción
Editorial: Virago

RebeccaAVISO: esta reseña contiene detalles importantes de la trama.

Una protagonista joven e ingenua, sin perspectivas de futuro, contrae matrimonio con Maxim de Winter, un hombre viudo mucho mayor que ella que representa todo aquello a lo que puede aspirar: un nombre, un hogar, una reputación. Sin embargo, la sombra de su difunta esposa, Rebecca, permanece presente dentro y fuera de la mansión Manderley. Desde el primer momento, la protagonista lucha por deshacerse de la opresiva influencia de su predecesora, omnipresente en todo momento.
A primera vista, es una premisa que encajaría perfectamente en la categoría de romance, pero hay mucho que explorar más allá de la superficie. Aunque cumple con las típicas características de la novela gótica – una mansión aislada y llena de misterio, una sutil presencia sobrenatural, un ambiente asfixiante y deprimente -, no se trata de una simple historia de celos y conspiración. A decir verdad, creo que Rebecca se disfruta mucho más siendo conscientes de las múltiples referencias a Jane Eyre y del mensaje que puede transmitir a partir de estas. Al fin y al cabo, comparten la misma fórmula: un romance entre un hombre mayor y una mujer más joven, la enigmática figura de una primera esposa y una mansión en llamas. ¿Sería esto lo que le habría pasado a Jane Eyre de no haber tenido un concepto más claro de su identidad?

Rebecca y la protagonista simbolizan posturas opuestas del papel más tradicional de la mujer en esta época: la primera, una mujer que sabe aprovechar su posición privilegiada y el poder de las apariencias para rebelarse ante la opresión del matrimonio y los roles de género; la segunda, una mujer sumisa e incapaz de definir su propia identidad. La protagonista reconoce y admira en numerosas ocasiones las cualidades de Rebecca; no obstante, a diferencia de la leyenda de Barba Azul, ella permanece inerte ante la verdadera naturaleza de su marido: su impulso es apoyarlo, perpetuando así su figura como cómplice incondicional en busca del reconocimiento y aprobación ajenas.

Rebecca me ha reconciliado un poquito más con Daphne du Maurier. No es solo una novela de suspense gótica con giros poco esperados, sino también un reflejo y crítica de los valores que predominaban en la Inglaterra del siglo XX. Una mujer frágil se casa con un hombre con la esperanza de obtener una nueva vida. Intenta desesperadamente encajar en su nuevo papel como mujer de la alta sociedad, pero, por desgracia, esto implica estar sujeta a una serie de protocolos y costumbres sexistas. Al final, su círculo también se completa al volver a convertirse en una figura acompañante, sin nombre ni voluntad. Sin embargo, me parece más interesante plantearse si el verdadero antagonista de esta historia ha podido cambiar con el paso tiempo: ¿Rebecca, por su carácter manipulador y rebelde o Maxim, que perpetua una figura machista que acaba con el espíritu de sus dos esposas?

Flores para Algernon, de Daniel Keyes

Although we know the end of the maze holds death (and it is something I have not always known—not long ago the adolescent in me thought death could happen only to other people), I see now that the path I choose through that maze makes me what I am. I am not only a thing, but also a way of being—one of many ways—and knowing the paths I have followed and the ones left to take will help me understand what I am becoming.

Puntuación: 4/5
Autor: Daniel Keyes
Género: ciencia ficción
Editorial: Harcourt

Flores para AlgernonFlores para Algernon narra la historia de Charlie Gordon, un hombre de 32 años con un coeficiente intelectual de 68, cuya vida se reduce a su trabajo en la panadería y a sus clases en el colegio. Todo cambia cuando un día le invitan a participar en un experimento que promete aumentar su inteligencia después del éxito cosechado en animales. Charlie empieza a imaginar cómo cambiaría su vida si fuera como los demás: no solo sorprendería a sus amigos en el trabajo y en el colegio, también podría demostrarles a sus padres que por fin es ese hijo “normal” capaz de valerse por sí mismo.

Daniel Keyes lanza preguntas relevantes e incómodas sobre la deleznable actitud de la sociedad hacia los discapacitados mentales. El entusiasmo y el excesivo interés de Charlie por aprender demuestra que no se encuentra integrado en su entorno, una sociedad incapaz de aceptarlo tal y como es. No existe ese punto intermedio con el que la mayoría nos contentamos -o nos quejamos-; en su lugar, vive en ambos espectros de lo “excepcional”, un adjetivo que, como él mismo demuestra, acarrea connotaciones negativas y positivas. Antes de la operación, Charlie es víctima del desprecio, del maltrato e incluso de un excesivo paternalismo. Después de la operación, la cúspide de su inteligencia se posiciona como obstáculo de la felicidad, cuando es igualmente aborrecido y odiado. Dicho de otro modo, cualquier desviación de la norma no es bien recibida.

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Solaris, de Stanisław Lem

No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Con uno, ya nos atragantamos.

Puntuación: 3/5
Autor: Stanisław Lem
Género: ciencia ficción
Editorial: Impedimenta

Solaris, de Stanisław Lem, es una historia acerca de la imposibilidad de establecer contacto con otras especies, el erróneo planteamiento de antropomorfizar lo desconocido y, en un plano paralelo, una reflexión sobre la identidad humana.

La historia, contada desde la perspectiva en primera persona del psicólogo Kris Kelvin, transcurre en el planeta extraterrestre Solaris, compuesto en su totalidad por un océano protoplasmático aparentemente inteligente. Esta es la principal razón por la que innumerables científicos (los «solaristas») se han propuesto estudiar la verdadera naturaleza de este misterioso océano dotado de sentidos y, sobre todo, la forma de interactuar con él. A lo largo del libro abundan las discusiones que condensan todo el conocimiento recopilado hasta el momento sobre Solaris; no obstante, más allá del plano descriptivo de los fenómenos que manifiesta el océano (los «mimoides», «simetríadas», «asimetríadas», etc.), los estudios han sido más bien infructuosos. Después de años de investigación, no se ha llegado a ninguna conclusión real sobre la verdadera naturaleza del océano.

Dicho esto, los improductivos intentos de establecer contacto no están del todo exentos de respuesta: por la razón que sea, el océano parece ser capaz de adentrarse e interpretar los recovecos de la mente humana. Los tres científicos a bordo de la estación espacial reciben inesperadas visitas, en apariencia humanos, que han sido creados por el océano. En el caso del protagonista, se encuentra con Harey, su expareja, que se había suicidado tiempo atrás tras la ruptura de su relación. En esta ocasión, Kelvin no puede deshacerse de ella, ya sea su manifestación física o su recuerdo. La reacción del personaje ante su presencia es, comprensiblemente, inaudita: su visitante representa su culpabilidad ante el suicidio, así como el recuerdo de los momentos felices y no tan felices de su relación. Al mismo tiempo, Kelvin tampoco puede abandonar el enigma que plantea el océano, a pesar de ser consciente de su irracionalidad al vincularlo con la esperanza del retorno de Harey.

A raíz de este problema, el autor plantea tres cuestiones interesantes: por una parte, la incoherencia de proponer un planteamiento antropomórfico a la hora de estudiar un ente alienígena (¿por qué lo hace? ¿Hay alguna razón oculta? ¿Quiere decirnos algo?); por otra, las falsas expectativas de nuestro absurdo y repetido deseo por establecer contacto con otras especies; y, por último, nuestra reacción ante los límites del conocimiento científico. El desconocimiento es el motivo que conduce a algunos de estos científicos a considerar el mar como un ente superior (de hecho, en determinados momentos se establece un paralelismo con Dios).

Solaris no solo rompe con ciertas convenciones del género (la historia no ofrece ninguna «respuesta» y no nos movemos del punto de partida en ningún momento), sino que también expone -con alguna que otra dosis de ironía- el aparente optimismo y prepotencia de nuestro deseo por querer dominar y dotar a todo de sentido, un sentido que solo somos capaces de conformar bajo nuestro limitado prisma humano, pese a que nuestra identidad sigue siendo una incógnita para nosotros.

Reexaminando clásicos: Frankenstein, de Mary Shelley

9780141198965

Puntuación: 5/5
Autor: Mary Shelley
Género: literatura gótica
Editorial: Penguin English Library

Reseñar clásicos siempre me parece un asunto peliagudo. No sé si será por el momento en el que lo he leído o por querer indagar más por mi cuenta, pero hace poco volví a leer Frankenstein y me apetecía hablar un poco sobre él.

Las interpretaciones que se pueden extraer son innumerables, desde el plano histórico, biográfico, bíblico, mitológico, etc…, lo que probablemente sea en parte la razón por la que la obra se haya adaptado a todo tipo de medios y hoy, casi 200 años después, siga siendo relevante. No quiere decir que sea una novela fácil de leer, que sus personajes sean perfectos o que esté exenta de fallos, pero, desde mi punto de vista, es la ambivalencia de todas y cada una de estas interpretaciones lo que la hace interesante.

La novela se desarrolla en un marco narrativo compuesto por varias “capas”: como introducción, tenemos la correspondencia entre Robert Walton y su hermana durante su solitaria expedición en el Ártico, circunstancias que le llevan a conocer a Víctor Frankenstein, alguien en quien se ve reflejado y que brevemente satisface su necesidad de entablar algún tipo de relación. Luego, Víctor narra la serie de sucesos que desembocan en su llegada al barco, desde su niñez hasta su fatídico encuentro con el monstruo. En ese momento, cambia brevemente la perspectiva para introducir la voz del monstruo (aunque, teniendo en cuenta que se encuentra dentro de la narración de Víctor, podría cuestionarse la fiabilidad de esta voz en ciertos momentos), donde conocemos sus primeros momentos de vida y su año en solitario, incluida la historia de sus llamados “protectores”, hasta su reencuentro con el creador. Por último, la historia concluye con las últimas cartas de Walton, donde anuncia su regreso a casa. A través de estas voces obtendremos distintas perspectivas de cada uno de los personajes de la historia: Walton como un intelectual solitario, Víctor como un noble consumido por sus secretos y el monstruo como víctima, entre otras.

Las referencias más obvias de la novela se encuentran en el propio subtítulo de la obra (“El moderno Prometeo”) y la referencia al inicio a Paradise Lost, de John Milton. Centrándome en la primera referencia, Shelley establece ciertos paralelismos entre Víctor y Prometeo, ya que su ambición lo conduce a lo inalcanzable, a descubrir el secreto de la creación de la vida. Cuando por fin se materializa su proyecto (nunca mejor dicho), se ve atormentado por su creación eternamente hasta su muerte. Por otro lado, hay incluso algún guiño más directo en el personaje del monstruo, como cuando él mismo descubre el fuego, cuando decide entregar leña a sus protectores o cuando finalmente decide morir atado a una pira.

La parte que más disfruté fue, sin lugar a dudas, la historia contada por el monstruo y el debate entre Víctor y él cuando finalmente se niega a crear una segunda criatura. Es en esta ocasión cuando resulta más evidente cómo se va difuminando esa fina línea que divide al creador y a la creación. De hecho, si extraemos algunas citas de la obra sin contexto, resulta difícil determinar quién las pronuncia.

Remember that I have power; you believe yourself miserable, but I can make you so wretched that the light of day will be hateful to you.

Al final, tanto Víctor como el monstruo son reflejos de sí mismos, y comparten momentos de gloria y desolación. No obstante, la segunda emoción es la única en la que pueden llegar a converger. Víctor crea un monstruo que le acarreará tormento eterno; el monstruo solo ve la muerte como la única forma de conectar con su creador.

Lo que nos lleva al otro gran interrogante sobre el monstruo: ¿es intrínsecamente malvado o es víctima de las circunstancias que lo rodean? Por una parte, cuando al fin descubre que es consciente de sí mismo, es recibido con el más absoluto desprecio por todo aquel que se cruza en su camino, por no hablar de su creador; por otra parte, resulta difícil ignorar que es él el primero que asesina a un niño como acto de venganza.

Como es de esperar, el final es desastroso para todos. Las consecuencias de la búsqueda de un conocimiento inalcanzable con el único fin de satisfacer el ego es castigado con la muerte de la familia de Víctor, su propia muerte, y, finalmente, la muerte del monstruo. A modo de moraleja, y quizá como reflejo de la corriente de pensamiento romántica de la época, Walton desiste en su infructuosa expedición y decide volver a casa.

I shall die, and what I now feel be no longer felt. Soon these burning miseries will be extinct. I shall ascend my funeral pile triumphantly and exult in the agony of the torturing flames. The light of that conflagration will fade away; my ashes will be swept into the sea by the winds. My spirit will sleep in peace, or if it thinks, it will not surely think thus. Farewell.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Mejor nunca significa mejor para todos. Para algunos siempre es peor.

Puntuación: 5/5
Autor: Margaret Atwood
Género: distopía, ficción especulativa
Editorial: Penguin Random House

PortadaCreo que por fin me he reencontrado con Margaret Atwood. Después de leer MadAddam y Hag-Seed (de la última quiero hablar en algún momento, ya que forma parte de la serie Hogarth Shakespeare), tenía una impresión algo tibia de la autora. No lograba conectar del todo con sus personajes o con su estilo literario, pero The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada, recientemente reeditado por la editorial Salamandra a propósito del estreno de la adaptación televisiva) es otra historia. La novela, publicada por primera vez en 1985, es relevante e incómoda a partes iguales, quizá ahora más que nunca.

The Handmaid’s Tale es una novela distópica ambientada en un futuro cercano en la República de Gilead (anteriormente Estados Unidos), donde se ejerce un régimen teocrático que contempla una vuelta a los valores puritanos del siglo XVII. 

La novela está narrada en primera persona e incluye una serie de flashbacks en los que Offred, la protagonista, intercala recuerdos del pasado (sus años universitarios, su relación con su madre y su mejor amiga, el nacimiento de su hija, etc.) con sus vivencias actuales como Criada en la residencia del Comandante Waterford, acompañada de la mujer del Comandante y las Marthas encargadas de las tareas del hogar. Debido a los bajos índices de fertilidad que han asolado a la República de Gilead, la tarea principal de las Criadas consiste en mantener relaciones sexuales con el Comandante con la esperanza de producir descendencia.

La religión es uno de los pilares fundamentales en los que se basa esta sociedad, siempre bajo el pretexto de aumentar la tasa de natalidad de la población. La figura de la mujer queda desprovista de identidad y es relegada un único plano: ser madre. Por esta razón, la República ejerce todo su poder con el fin de controlar el cuerpo y la identidad de las mujeres; no pueden votar, leer, o tener propiedad o trabajo. A diferencia de los hombres, las mujeres están únicamente definidas por su rol de género: esposas, hijas, criadas, tías, Marthas, «Jezebels» (prostitutas) y «Unwomen» (detractoras del régimen).

Por otra parte, el poder también se ejerce mediante un uso específico del lenguaje, incluidas las fórmulas dialectales cotidianas (saludos, despedidas, muestras de agradecimiento, etc.) restringiendo así las ideas que puedan expresarse. De hecho, incluso la propia denominación de las Criadas implica sumisión, ya que sus nombres están compuestos por el nombre del Comandante al que pertenecen (Offred, en inglés: Of Fred; o en español: Defred: de Fred).

Las figuras secundarias de esta jerarquía incluyen, entre otros, los Obreros (trabajadores del Comandante a los que no se les asignan mujeres), los Ojos (espías del régimen), las Marthas (sirvientas del hogar) y las Tías (encargadas de la instrucción y supervisión de las Criadas). Cualquier desviación de la norma por parte de las Criadas o fracaso a la hora de procrear después de un período determinado de tiempo (al fin y al cabo, la sociedad solo reconoce a las mujeres como causantes de la infertilidad) implica su exilio a las Colonias, donde llevarán a cabo labores de limpieza de residuos tóxicos u otras sustancias hasta su inevitable muerte.

Por desgracia, la respuesta al abuso de poder y el sentimiento que, finalmente, prevalece a lo largo de la novela es la complacencia por parte de todos los miembros de la sociedad. Moira, el Comandante, Offred, Serena Joy, las Tías… todos y cada uno de ellos intentan aferrarse a cualquier atisbo o ilusión de poder, incluso si ello implica traicionar su propia identidad y valores, al mismo tiempo que colaboran a perpetuar el régimen.

Como es de esperar, el final es escalofriante y desolador, aunque he de reconocer que sentí algo de alivio al leer el epílogo. Uno de los elementos más espeluznantes de la distopía que Atwood propone se centra en el hecho de que algunas de estas prácticas han existido, o existen, en algunas culturas. El tema principal es el control de la natalidad y la sumisión de las mujeres, representado en esencia por la figura de la Criada; no obstante, también vemos la persecución y condena de los delincuentes en público; robos de niños por parte del gobierno en las primeras etapas de la consolidación del régimen; persecución y castigo por distintas orientaciones sexuales, etc. Por desgracia, no es una historia con moraleja, ya que no es necesario hacer un exagerado esfuerzo de imaginación para comprender muchos de los sucesos acontecidos en The Handmaid’s Tale. En la mayoría de los casos, siguen siendo una posibilidad más que factible en la sociedad actual.