Mes: abril 2018

Reexaminando clásicos: Rebecca, de Daphne du Maurier

But Rebecca would never grow old. Rebecca would always be the same. And her I could not fight. She was too strong for me.

Puntuación: 4/5
Autor: Daphne du Maurier
Género: ficción
Editorial: Virago

RebeccaAVISO: esta reseña contiene detalles importantes de la trama.

Una protagonista joven e ingenua, sin perspectivas de futuro, contrae matrimonio con Maxim de Winter, un hombre viudo mucho mayor que ella que representa todo aquello a lo que puede aspirar: un nombre, un hogar, una reputación. Sin embargo, la sombra de su difunta esposa, Rebecca, permanece presente dentro y fuera de la mansión Manderley. Desde el primer momento, la protagonista lucha por deshacerse de la opresiva influencia de su predecesora, omnipresente en todo momento.
A primera vista, es una premisa que encajaría perfectamente en la categoría de romance, pero hay mucho que explorar más allá de la superficie. Aunque cumple con las típicas características de la novela gótica – una mansión aislada y llena de misterio, una sutil presencia sobrenatural, un ambiente asfixiante y deprimente -, no se trata de una simple historia de celos y conspiración. A decir verdad, creo que Rebecca se disfruta mucho más siendo conscientes de las múltiples referencias a Jane Eyre y del mensaje que puede transmitir a partir de estas. Al fin y al cabo, comparten la misma fórmula: un romance entre un hombre mayor y una mujer más joven, la enigmática figura de una primera esposa y una mansión en llamas. ¿Sería esto lo que le habría pasado a Jane Eyre de no haber tenido un concepto más claro de su identidad?

Rebecca y la protagonista simbolizan posturas opuestas del papel más tradicional de la mujer en esta época: la primera, una mujer que sabe aprovechar su posición privilegiada y el poder de las apariencias para rebelarse ante la opresión del matrimonio y los roles de género; la segunda, una mujer sumisa e incapaz de definir su propia identidad. La protagonista reconoce y admira en numerosas ocasiones las cualidades de Rebecca; no obstante, a diferencia de la leyenda de Barba Azul, ella permanece inerte ante la verdadera naturaleza de su marido: su impulso es apoyarlo, perpetuando así su figura como cómplice incondicional en busca del reconocimiento y aprobación ajenas.

Rebecca me ha reconciliado un poquito más con Daphne du Maurier. No es solo una novela de suspense gótica con giros poco esperados, sino también un reflejo y crítica de los valores que predominaban en la Inglaterra del siglo XX. Una mujer frágil se casa con un hombre con la esperanza de obtener una nueva vida. Intenta desesperadamente encajar en su nuevo papel como mujer de la alta sociedad, pero, por desgracia, esto implica estar sujeta a una serie de protocolos y costumbres sexistas. Al final, su círculo también se completa al volver a convertirse en una figura acompañante, sin nombre ni voluntad. Sin embargo, me parece más interesante plantearse si el verdadero antagonista de esta historia ha podido cambiar con el paso tiempo: ¿Rebecca, por su carácter manipulador y rebelde o Maxim, que perpetua una figura machista que acaba con el espíritu de sus dos esposas?

La vegetariana, de Han Kang

¿Por qué será? Todo me parece desconocido, como si viera las cosas desde atrás. Como si estuviera encerrada detrás de una puerta sin picaporte. No es eso, será que estuve allí desde el principio y me di cuenta de ello repentinamente.

Puntuación: 5/5
Autor: Han Kang
Género: ficción
Editorial: :Rata_

La vegetarianaHay libros que te sacuden por dentro y dejan huella por multitud de razones. La vegetariana logra alcanzar un perfecto equilibrio entre dos cualidades que, en teoría, deberían ser opuestas: la belleza y la violencia.

Yeonghye es una mujer que, tras sufrir una serie de sueños horripilantes y violentos, decide dejar de comer carne. Esta decisión obedece a su deseo de rechazar la violencia humana y, en mayor medida, provocará una ruptura con todo aquello que la une con su vida diaria, desde su núcleo familiar hasta la sociedad. No obstante, las implicaciones de esta historia van mucho más allá de exhibir la inestabilidad de una familia ante un trauma o las consecuencias inmediatas del cambio de dieta de Yeonghye.

La historia está narrada en tres partes, según las perspectivas de tres familiares distintos. Ninguna de ellas es la de Yeonghye, algo que, curiosamente, le otorga aún más fuerza a su transformación. Su marido la percibe como una comodidad: una mujer mediocre, obediente y callada; su cuñado la convierte en un fetiche sexual escudándose en inútiles aspiraciones artísticas; por último, su hermana pequeña resiente su actitud y egoísmo. En un segundo plano, esta estructura narrativa, que excluye casi por completo la voz de la protagonista, manifiesta su progresiva pérdida de autonomía. El cambio de Yeonghye es escalofriante (no come, no habla, pierde peso a un ritmo alarmante), pero más lo es intuir su pérdida de voluntad desde el exterior, mientras desaparece a plena vista. No encuentra palabras para explicar su transformación, salvo el sometimiento a una serie de sueños violentos. Ante esta situación, percibe la naturaleza como su único refugio, hasta convencerse de que se está convirtiendo en un árbol.

Todas las inseguridades que los personajes proyectan sobre un personaje aparentemente “vacío” como Yeonghye reflejan, en palabras de la autora, la dicotomía entre la violencia humana y la inocencia, la cordura y la locura. Cuanto más fuerte es la determinación de Yeonghye, mayor es la violencia que profesan los personajes a su alrededor. La conclusión, al parecer, es la imposibilidad de rechazar la violencia humana. Finalmente, la única solución que concibe es arrancar el problema de raíz; en otras palabras, rechazar su condición humana. Paradójicamente, su salvación traza progresivamente el camino hacia la muerte.

La vegetariana es un relato perturbador e inquisitivo, difícilmente comparable con cualquier otro libro que haya leído hasta ahora. No ofrece respuestas, pero sí sumerge al lector en cuestiones muy profundas sobre la naturaleza e identidad humanas. Queda a juicio de este último responder a la pregunta más incómoda de todas: ¿debería Yeonghye morir o vivir?

La Ciudad Embajada, de China Miéville

Ahora los Ariekei estaban aprendiendo a hablar, y a pensar, y eso dolía.

Puntuación: 4/5
Autor: China Miéville
Género: ciencia ficción
Editorial: Pan Books / Fantascy
Videoreseña

EmbassytownLa Ciudad Embajada ha sido mi primera toma de contacto con Miéville. No sabía muy bien qué esperar, salvo algo surrealista y extraño, pero finalmente he descubierto mucho más: es una historia que no duda en romper moldes y en sacar al lector de su zona de confort. La historia transcurre en el planeta Arieka, en concreto, en Ciudad Embajada,  que goza de una posición estratégica gracias a su ubicación en el extremo del Universo conocido. En este lugar conviven los humanos (Terre) y varias razas alienígenas de forma pacífica, incluidos los autóctonos Ariekei, comúnmente conocidos como Anfitriones. No obstante, la comunicación entre Anfitriones y humanos es, aparentemente, imposible.
Los Anfitriones cuentan con dos orificios/bocas que emplean para hablar, pronunciando así dos sonidos a la vez. La particularidad de este Idioma es su literalidad: solo son capaces de describir la realidad tal y como es; o sea, no pueden emplear tropos como las mentiras o las metáforas. El pensamiento, la realidad y el lenguaje permanecen siempre unidos. Para suplir estas carencias, recurren a la construcción de símiles, que obedecen a una realidad mediante la ejecución de una serie de acciones al pie de la letra. De este modo, ciertos personajes -entre ellos la protagonista, Avice- pasarán a formar parte del Idioma.

La trama plantea disquisiciones interesantes, como los recursos que empleamos para la creación de significado (verdades a partir de no-verdades) y la colonización a través del lenguaje (¿es el lenguaje extorsión o cooperación?). Cuando me paro a pensar por qué me resulta tan excéntrico este libro, recuerdo Solaris, de Stanisław Lem. Los Ariekei son, en cierto modo, como su misterioso océano: entes aparentemente inteligentes, pero carentes de sentidos. La imaginación de Miéville, además de ser alucinante, traslada esa sensación de extrañeza e inverosimilitud que debería ser algo intrínseco cuando hablamos de especies alienígenas. En este caso, el principal obstáculo no es el contacto, sino la creación de significado a partir de lo abstracto, algo a lo que nosotros recurrimos de forma habitual para dar forma a nuestros pensamientos y emociones.

En resumen, este libro es raro, ingenioso y enrevesado. Las explicaciones brillan por su ausencia durante el primer tercio, sin contar que alterna una narrativa entre presente y pasado. Es una lectura que exige cierto esfuerzo y concentración para no quedarte atrás. Si ya tienes suficiente bagaje en ciencia ficción y te apetece un reto: adelante, será una experiencia excepcional. Además, hará las delicias de cualquier lector apasionado a la lingüística y a las teorías del lenguaje.