Solaris, de Stanisław Lem

Un comentario

No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Con uno, ya nos atragantamos.

Puntuación: 3/5
Autor: Stanisław Lem
Género: ciencia ficción
Editorial: Impedimenta

Solaris, de Stanisław Lem, es una historia acerca de la imposibilidad de establecer contacto con otras especies, el erróneo planteamiento de antropomorfizar lo desconocido y, en un plano paralelo, una reflexión sobre la identidad humana.

La historia, contada desde la perspectiva en primera persona del psicólogo Kris Kelvin, transcurre en el planeta extraterrestre Solaris, compuesto en su totalidad por un océano protoplasmático aparentemente inteligente. Esta es la principal razón por la que innumerables científicos (los «solaristas») se han propuesto estudiar la verdadera naturaleza de este misterioso océano dotado de sentidos y, sobre todo, la forma de interactuar con él. A lo largo del libro abundan las discusiones que condensan todo el conocimiento recopilado hasta el momento sobre Solaris; no obstante, más allá del plano descriptivo de los fenómenos que manifiesta el océano (los «mimoides», «simetríadas», «asimetríadas», etc.), los estudios han sido más bien infructuosos. Después de años de investigación, no se ha llegado a ninguna conclusión real sobre la verdadera naturaleza del océano.

Dicho esto, los improductivos intentos de establecer contacto no están del todo exentos de respuesta: por la razón que sea, el océano parece ser capaz de adentrarse e interpretar los recovecos de la mente humana. Los tres científicos a bordo de la estación espacial reciben inesperadas visitas, en apariencia humanos, que han sido creados por el océano. En el caso del protagonista, se encuentra con Harey, su expareja, que se había suicidado tiempo atrás tras la ruptura de su relación. En esta ocasión, Kelvin no puede deshacerse de ella, ya sea su manifestación física o su recuerdo. La reacción del personaje ante su presencia es, comprensiblemente, inaudita: su visitante representa su culpabilidad ante el suicidio, así como el recuerdo de los momentos felices y no tan felices de su relación. Al mismo tiempo, Kelvin tampoco puede abandonar el enigma que plantea el océano, a pesar de ser consciente de su irracionalidad al vincularlo con la esperanza del retorno de Harey.

A raíz de este problema, el autor plantea tres cuestiones interesantes: por una parte, la incoherencia de proponer un planteamiento antropomórfico a la hora de estudiar un ente alienígena (¿por qué lo hace? ¿Hay alguna razón oculta? ¿Quiere decirnos algo?); por otra, las falsas expectativas de nuestro absurdo y repetido deseo por establecer contacto con otras especies; y, por último, nuestra reacción ante los límites del conocimiento científico. El desconocimiento es el motivo que conduce a algunos de estos científicos a considerar el mar como un ente superior (de hecho, en determinados momentos se establece un paralelismo con Dios).

Solaris no solo rompe con ciertas convenciones del género (la historia no ofrece ninguna «respuesta» y no nos movemos del punto de partida en ningún momento), sino que también expone -con alguna que otra dosis de ironía- el aparente optimismo y prepotencia de nuestro deseo por querer dominar y dotar a todo de sentido, un sentido que solo somos capaces de conformar bajo nuestro limitado prisma humano, pese a que nuestra identidad sigue siendo una incógnita para nosotros.

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