H de halcón, de Helen Macdonald

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Qué cosas le hacemos a nuestro corazón. Te apartas de ti misma, como si tu alma pudiera ser también un animal migratorio, te sitúas a cierta distancia del horror y miras fijamente al cielo.

Puntuación: 5/5
Autor: Helen Macdonald
Género: no-ficción
Editorial: Ático de libros

H de halcón

Una de las cosas que más me gustan de la no ficción es el elemento sorpresa, ya que nunca sé exactamente qué va a aportarme. Es una postura un tanto egoísta, ya que significa que, inconscientemente, exigimos que los libros de este género contengan algún tipo de enseñanza que nos impacte en mayor o menor medida. A primera vista, las aves rapaces son algo a lo que nunca le he prestado atención más allá de lo anecdótico o lo estético. ¿Por qué me ha cautivado la historia de una mujer aficionada a la cetrería y el adiestramiento de su azor? En ocasiones, no es necesario recurrir a la narrativa para encontrarnos con apasionantes historias humanas.

Helen Macdonald es, entre otras cosas, historiadora y profesora del Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cambridge, con un particular interés por la cetrería. En H de halcón expone, a lo largo de los meses de adiestramiento de su azor Mabel, el proceso de duelo que experimenta tras la repentina muerte de su padre. Estos animales salvajes son su pasión desde pequeña: se trataba de un mundo repleto de misterio que la hacía sentir especial. Según Macdonald, adiestrar a un ave rapaz (y un azor en especial) requiere de infinita paciencia, una cualidad con la que ella está familiarizada como observadora nata. Al igual que su padre, pasó gran parte de su niñez en el campo, investigando y observando a aquellos imponentes animales. Sin embargo, un azor supone un nuevo reto. Un reto lo suficientemente grande como para entregarse en cuerpo y alma y aislarse de todo lo demás. Ya no lo hará para sentirse especial o demostrar algo a los demás: solo existirán ella y el azor.

A lo largo del libro, presenciamos el proceso de transformación de la autora a través de las distintas etapas del adiestramiento. Al principio, la figura del azor simboliza su refugio, abarcando todas las facultades que ella desea para sí misma: “solitario, sereno, libre de pesar e inmune a los sufrimientos de la vida humana”. La experiencia de reclusión de la autora está escudada bajo un territorio conocido que le permite volverse invisible a voluntad. Olvida su identidad y se vuelca de lleno en este nuevo propósito, hasta el punto de proyectar en el azor un reflejo de sí misma. Es un proceso seguro: sabe que el azor solo contempla el presente y sus instintos salvajes. Gracias a él, ella también puede huir de la muerte.

El mundo con el azor estaba aislado de todo peligro, y en ese mundo sabía exactamente dónde alcanzaba el límite de mi piel. Todas las noches soñaba con fiadores, con lonjas y nudos, con madejas de lana, con bandadas de gansos volando al sur. Y todas las tardes caminaba hacia el campo de cricket con alivio, porque con el azor en mi puño yo sabía quién era, y nunca me mostré enfadada con él, aunque quisiera hincarme de rodillas y llorar cada vez que intentaba huir volando.

A medida que el proceso de adiestramiento avanza, logramos entrever cierta luz. La autora está redescubriendo el mundo a través de los ojos de su azor: primero se conocen entre sí y establecen un vínculo de confianza; luego, poco a poco, se adentran en el extraño mundo exterior para descubrir que “nada de eso era una amenaza”. Su inminente huida se detiene y comprende las ausencias que pueblan todos los ámbitos de la vida, así como el inevitable peso amargo que acarrean los recuerdos del pasado. Son capítulos repletos de pasajes desoladores, sin llegar a caer en la autocompasión y autoayuda barata. Macdonald usa un lenguaje directo, pero no por ello menos conmovedor. De hecho, hay numerosos pasajes que cobran más fuerza cuando te detienes a leerlos dos veces.

Arrastramos las vidas que imaginamos del mismo modo que las que vivimos, y en ocasiones nos pasan cuentas todas las vidas que hemos perdido. (…) A veces todas las vidas que hemos perdido nos pasan cuentas, y a veces consideramos nuestra responsabilidad quemarlas hasta que solo queden cenizas.

Finalmente, comienza el proceso de curación. Aunque puedan convivir perfectamente, lo salvaje y lo humano conforman vidas separadas. Ella misma reconoce la noción errónea de querer vivir a través de su azor, un medio que le permitía apartarse y ser solo observadora del dolor y de su tristeza. Ahora se siente más humana porque sabe que ella no es el azor, y que sus brazos no son una mera percha de ave de presa. La naturaleza puede reconfortar el alma humana, pero depender únicamente de ella puede consumirte por completo.

Durante mucho tiempo había pensado que yo era el ave, uno de esos azores malhumorados capaces de deslizarse hacia otro mundo mientras permanecen posados en lo alto de los árboles en invierno. Pero yo no era ningún azor, por mucho que me recortara y despojara de capas, por muchas veces que me perdiera en la sangre y las hojas y los campos. Yo era la figura que esperaba bajo el árbol al anochecer, con el cuello vuelto para protegerme de la humedad, esperando pacientemente a que el azor volviera al puño.

Llega la primavera, y con ella, Mabel debe iniciar el proceso de muda. Durante este período, azor y entrenador deben permanecer separados. La autora, plagada de las  cicatrices visibles e invisibles que envuelven su cuerpo, abandona ese anhelo de aferrarse y mantener con vida aquello que ya no está. La tristeza desaparece y se abre paso al afecto y al sosiego.

H de halcón es el viaje introspectivo de Helen Macdonald a través de las distintas etapas del duelo, ambientado en los hermosos paisajes de Cambridge. Este libro incluye una tremenda labor de investigación sobre la vida y obra del naturalista T. H. White que, atormentado por su entorno, también recurre a la tarea de adiestrar a un azor. El viaje de Macdonald y White dista de ser similar, pero ambos ofrecen emotivas reflexiones sobre la pérdida, la búsqueda de la identidad propia, y el significado de lo humano y de lo salvaje. Esperemos que no sea lo último que leamos de esta autora.

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